jue. may 7, 2026

“Sigo teniendo una vida plena, solo que diferente”

La historia de Ana María Castillo no se puede resumir fácilmente. Lleva toda una vida conviviendo con la insuficiencia renal crónica, diagnosticada cuando apenas tenía tres años.

Desde entonces, cirugías, tratamientos y dos trasplantes han marcado su camino. Y, aun así, su relato no está definido por la enfermedad, sino por la capacidad de adaptarse y seguir adelante.

“Mi madre me dio la vida por segunda vez”, recuerda sobre su primer trasplante en 1995. El segundo, en 2003, llegó de un donante anónimo al que llama “mi ángel, mi héroe”. Ese riñón la acompañó durante más de 21 años. “Me siento una afortunada”, afirma con convicción.

Hoy, tras el fallo de ese último trasplante, Ana María ha vuelto a diálisis en mayo de 2025. Pero su mirada sigue siendo la de alguien que ha aprendido a relativizar: “Esto va como va… y hay que seguir”.

Volver a diálisis después de más de dos décadas no fue sencillo. “Tuve que procesarlo”, reconoce. Porque, como explica con honestidad, la enfermedad renal crónica no solo afecta al cuerpo: “También ataca a la mente y al corazoncito”. Sigue leyendo.