Tras una intervención reciente y a la espera de un nuevo trasplante -más complejo en su caso-, Ana tiene claro cuál es su prioridad: “Mi gran sueño ahora mismo es volver a trasplantarme”.
Pero no es el único. Habla de proyectos, viajes, retomar actividades, seguir disfrutando de su familia y de las pequeñas cosas.
Su mensaje para quienes empiezan este camino es tan directo como valioso:
“Paciencia, mucha calma… y no perder nunca la esperanza del trasplante”.
A sus 56 años, Ana se define como una mujer con una vida plena. Le gusta leer, pasear, compartir tiempo con los suyos y seguir haciendo planes.
Su historia no es solo la de una persona en diálisis. Es la de alguien que ha aprendido a convivir con la incertidumbre sin renunciar a vivir. “Esto es una pausa”, repite. Y en esa frase resume toda una manera de enfrentarse a la vida.