jue. jun 25, 2026
Julián reconoce que el inicio del tratamiento no fue sencillo. La transición a la diálisis supuso un cambio radical en su rutina y en su forma de entender el día a día.
“El primer año fue muy complicado porque debes adaptarte a otra forma de vida”, explica. Sin embargo, con el tiempo ha logrado estabilizarse: “Ahora mismo estoy muy bien, encantadísimo con el trato que recibo en el centro y con cómo me he adaptado”.
Su enfermedad renal se agravó tras una COVID-19 grave en el año 2021, que marcó un antes y un después. Desde entonces, ha aprendido a convivir con el tratamiento y a reorganizar su vida en torno a él.
Uno de los momentos más difíciles no fue el tratamiento en sí, sino la logística. El transporte en ambulancia llegó a convertirse en una fuente constante de estrés. “Lo pasé muy mal con los traslados”, recuerda. La solución llegó cuando empezó a acudir en su propio coche: “Ahí se me abrió el mundo”. Hoy conduce hasta el centro, organiza sus horarios y ha recuperado una autonomía que considera clave para su bienestar. Sigue leyendo.