Julián Valdespina

“Mantenerse activo es muy importante para no pensar en la enfermedad”

A punto de cumplir 70 años, Julián Valdespina de Bustos afronta su cuarto año en diálisis, en nuestro centro de Bilbao, con una actitud práctica y positiva. Tras una adaptación compleja, hoy reivindica la importancia de mantenerse activo, apoyarse en los profesionales y normalizar una vida que, aunque diferente, sigue estando llena de posibilidades.

Julián reconoce que el inicio del tratamiento no fue sencillo. La transición a la diálisis supuso un cambio radical en su rutina y en su forma de entender el día a día.

“El primer año fue muy complicado porque debes adaptarte a otra forma de vida”, explica. Sin embargo, con el tiempo ha logrado estabilizarse: “Ahora mismo estoy muy bien, encantadísimo con el trato que recibo en el centro y con cómo me he adaptado”.

Su enfermedad renal se agravó tras una COVID-19 grave en el año 2021, que marcó un antes y un después. Desde entonces, ha aprendido a convivir con el tratamiento y a reorganizar su vida en torno a él.

Superar obstáculos: del problema del transporte a recuperar autonomía

Uno de los momentos más difíciles no fue el tratamiento en sí, sino la logística. El transporte en ambulancia llegó a convertirse en una fuente constante de estrés.

“Lo pasé muy mal con los traslados”, recuerda. La solución llegó cuando empezó a acudir en su propio coche: “Ahí se me abrió el mundo”. Hoy conduce hasta el centro, organiza sus horarios y ha recuperado una autonomía que considera clave para su bienestar.

Su experiencia previa en el ámbito sanitario también le ha ayudado a afrontar mejor el proceso. Durante más de 30 años ha trabajado en la industria farmacéutica, en contacto directo con hospitales y profesionales sanitarios, lo que le ha permitido contar con información y criterio desde el principio.

“Escuchar a los médicos me ha ayudado mucho”, señala. Mantiene, además, una relación fluida con especialistas que le han acompañado desde el inicio de la enfermedad.

El valor del entorno: profesionales y compañeros

Julián destaca especialmente el trato humano recibido en su centro de diálisis.

“Hay una empatía impresionante”, afirma, subrayando tanto la labor del equipo sanitario como la relación con otros pacientes: “Somos como una familia”.

Ese apoyo mutuo se traduce en acompañamiento diario, conversaciones compartidas y una red informal que resulta fundamental en los momentos más difíciles.

Aceptar la enfermedad y aprender a gestionarla

Lejos de centrarse en lo que ha perdido, Julián ha optado por cambiar el enfoque.

“Hay que aceptar lo que tienes y ver en qué puedes mejorar”, explica. Para él, la clave está en la gestión mental: evitar obsesionarse con la enfermedad y ocupar el tiempo en actividades que aporten bienestar.

“Lo importante es no darle todo el protagonismo en la cabeza”, resume.

Si hay algo que le resulta especialmente difícil, es la alimentación. Amante de la cocina y de la buena mesa, reconoce que las limitaciones suponen un reto constante.

Aun así, apuesta por el equilibrio: controlar cantidades, moderar líquidos y mantener hábitos responsables sin renunciar del todo al placer de comer.

Mantenerse activo: su forma de vivir la enfermedad

Su mensaje para otros pacientes es claro: no quedarse en casa. “Que la gente se anime a hacer algo, lo que sea, cualquier actividad que le ayude a mantenerse ocupado, todo suma”.

Eso para él resulta fundamental para llevar mejor la enfermedad y no centrar todo en ella. Esa forma de pensar se traduce en su día a día. Vive con su mujer, mantiene una relación cercana con sus hijos, ya independientes, y, aunque ha reducido los viajes largos, sigue haciendo planes y escapadas cortas. “La casa se me cae encima”, reconoce.

La actividad física forma parte esencial de su rutina. Camina a diario, incluso pequeños paseos después de las sesiones de diálisis, lo que le ha ayudado a recuperar fuerza y mejorar su estado general. Cuando puede se acerca a la playa, también en invierno, donde no duda en darse un chapuzón. Además, acude a la piscina varias veces por semana, convencido de que el ejercicio es clave para su bienestar.

A esto se suma otra de sus grandes pasiones: la cocina, que sigue practicando en casa, adaptándose a las limitaciones, pero sin renunciar a disfrutar.

Ha adaptado su forma de viajar y de salir, priorizando trayectos cortos y planes sencillos, pero sin renunciar a moverse: “La casa se me cae encima”, reconoce.

Con el paso del tiempo, Julián ha conseguido integrar la diálisis en su vida sin que la enfermedad lo defina. Mantenerse activo, mirar hacia adelante y centrarse en lo que sí puede hacer forman parte de su forma de afrontarlo. En ese camino, el acompañamiento cercano y la confianza en el equipo FME han sido claves para ganar tranquilidad y seguir adelante con seguridad.