Su mensaje para otros pacientes es claro: no quedarse en casa. “Que la gente se anime a hacer algo, lo que sea, cualquier actividad que le ayude a mantenerse ocupado, todo suma”.
Eso para él resulta fundamental para llevar mejor la enfermedad y no centrar todo en ella. Esa forma de pensar se traduce en su día a día. Vive con su mujer, mantiene una relación cercana con sus hijos, ya independientes, y, aunque ha reducido los viajes largos, sigue haciendo planes y escapadas cortas. “La casa se me cae encima”, reconoce.
La actividad física forma parte esencial de su rutina. Camina a diario, incluso pequeños paseos después de las sesiones de diálisis, lo que le ha ayudado a recuperar fuerza y mejorar su estado general. Cuando puede se acerca a la playa, también en invierno, donde no duda en darse un chapuzón. Además, acude a la piscina varias veces por semana, convencido de que el ejercicio es clave para su bienestar.
A esto se suma otra de sus grandes pasiones: la cocina, que sigue practicando en casa, adaptándose a las limitaciones, pero sin renunciar a disfrutar.
Ha adaptado su forma de viajar y de salir, priorizando trayectos cortos y planes sencillos, pero sin renunciar a moverse: “La casa se me cae encima”, reconoce.
Con el paso del tiempo, Julián ha conseguido integrar la diálisis en su vida sin que la enfermedad lo defina. Mantenerse activo, mirar hacia adelante y centrarse en lo que sí puede hacer forman parte de su forma de afrontarlo. En ese camino, el acompañamiento cercano y la confianza en el equipo FME han sido claves para ganar tranquilidad y seguir adelante con seguridad.