Una vida llena de fuerza, arte y esperanza

Siempre hacia adelante

A Odu Carmona la vida le cambió a los 20 años, cuando un síndrome hemolítico urémico desembocó en una insuficiencia renal fulminante. Pasó de estar en urgencias a comenzar diálisis en apenas 24 horas. 

Primera fase: diálisis peritoneal

Conocía la enfermedad de cerca —su mejor amigo también estaba en diálisis—, pero nunca pensó que le tocaría a ella y de forma tan repentina. Aun así, su reacción fue la que la ha acompañado siempre: mirar de frente, reorganizarse y seguir adelante con una actitud profundamente positiva.

Pese al impacto inicial, Odu decidió informarse, preguntar, implicarse. Gracias a dos enfermeros de su misma edad, que hoy siguen siendo grandes amigos, entendió las opciones que tenía y eligió comenzar con diálisis peritoneal, un tratamiento más flexible con el que estuvo cinco años. Una peritonitis la obligó a cambiar a hemodiálisis, donde permaneció durante dos décadas. En ese tiempo recibió un primer trasplante que lamentablemente no pudo mantenerse. Aun así, ella nunca perdió la esperanza.

“Siempre pensaba: soy joven, seguro que la ciencia avanza”. Y acertó. En 2008, a los 40 años llegó una medicación compatible con su enfermedad. Entró en lista de espera y, al poco tiempo, recibió un trasplante que supuso “un antes y un después”. Durante 15 años, agradecer cada mañana, sin dolor y con plena energía, fue su rutina. “Lo mejor no era viajar ni la libertad —dice—, lo mejor era despertarme y estar bien”.

Con el tiempo, ese riñón trasplantado comenzó a pedir una pausa. En 2023, tras meses en prediálisis, tomó la decisión más valiente: volver a diálisis antes de deteriorarse. “No quería llegar mal. He vivido demasiado como para volver a entrar en diálisis estando mal”. Y así lo hizo: de un día para otro, de forma consciente, ordenada y con la cabeza alta. “Necesité dos días para reorganizar mi vida. Y después, adelante. Positividad y para arriba”.

Volver no fue fácil. De sentirse plena tras el trasplante a pasar por el cansancio propio del tratamiento, especialmente a los 57 años, el contraste fue duro. Pero Odu siempre encuentra un camino.

Además de su fuerza y su organización, Odu insiste en que hay algo que marca la diferencia: las personas que la acompañan cada día en el centro de diálisis. “Siempre digo que el personal del centro de diálisis son mi familia. Yo tengo mi familia de aquí, pero es que a ellos los veo más que a mi familia biológica, ¡y vivimos en el mismo pueblo! A lo mejor a mi familia la veo una vez a la semana, pero a ellos los veo tres veces. Mantengo con ellos una relación excelente, y eso es fundamental para un paciente: tener un equipo que te acompaña, que te entiende y que te sostiene”.

Una vida dedicada al arte, al trabajo y a ayudar a los demás

Si algo define a Odu es su capacidad de transformar las dificultades en impulso creativo. La pintura, que empezó siendo una afición, se convirtió en su profesión en el año 2000. Hoy dirige una academia con 25 años de historia, mantiene encargos privados y desarrolla su obra personal con exposiciones y reconocimientos.

Con los años y antes incluso del trasplante —cuando ya estaba en diálisis— había reorganizado los horarios de su academia de pintura para compatibilizar su actividad con el tratamiento. Había llegado a tener más de cien alumnos. Ahora, en esta nueva etapa, mantiene esa estructura adaptada: dos días de clases, divididos en varios turnos, que le permiten seguir con su trabajo sin dejar a nadie fuera y respetando sus tiempos de diálisis en nuestro centro FME Huércal-Overa.

Además, ha puesto su experiencia al servicio de otros pacientes. Como monitora en la Escuela de Pacientes del Hospital de Torrecárdenas, participa en reuniones con personas que están a punto de comenzar diálisis y sus familias. “Llegan aterrados. Pero cuando me escuchan, cuando ven mi vida y mis años vividos, se dan cuenta de que se puede. Y eso es lo más gratificante”.

Colabora también con ALCER Almería, donde forma parte de la junta directiva, y con causas sociales a través de su pintura: talleres para mujeres, conferencias, murales, homenaje a artistas olvidadas, donaciones y proyectos solidarios. Sus obras han financiado material escolar y recursos para niños en diálisis. Su implicación ha sido reconocida con premios y menciones a lo largo de su carrera.

El pasado 28 de noviembre ha recibido el Premio Menina 2025 de Andalucía, por su labor en favor de la igualdad y la lucha contra la violencia de género. Un reconocimiento que la emociona, tanto por el galardón en sí, como por la oportunidad de seguir ayudando.

La pasión mueve su vida

Odu vive con pasión junto a su marido, músico, con quien comparte cada viaje y cada inquietud artística. Se siente plena, realizada, feliz. “Lo he cumplido todo”, dice con serenidad. Aun así, sigue soñando con mejoras para las personas en diálisis: tratamientos más cortos, más personalizados, más adaptados al estilo de vida de cada uno.

“Porque no es lo mismo alguien que está todo el día sentado que quien tiene una academia, da clases, viaja, trabaja… La diálisis debe mirar más a la vida de cada paciente”.

Un consejo para quien empieza

Cuando se le pregunta qué le diría a alguien que va a comenzar en diálisis, lo tiene claro:

Que se informe. Pero que busque no solo la información médica, sino la humana, la del día a día. Que hable con pacientes positivos, con asociaciones como ALCER. Y sobre todo, que no piense que aquí se acaba nada. Aquí empieza otra etapa. Puedes seguir viviendo, viajando, trabajando, disfrutando. Solo hay que organizarse y seguir adelante”.

Odu Carmona es la prueba. Su vida, llena de color, arte y fuerza, demuestra que la enfermedad no define a las personas: lo hace la actitud con la que deciden vivirla.