“El ejercicio y el trabajo son fundamentales para mí, psicológica y físicamente"

Una actitud optimista frente a la vida

Hasta el año 2009, la vida de Miguel Hervías se desarrollaba con total normalidad en Logroño, pero en cuestión de pocos meses tuvo que enfrentarse a una nueva realidad, marcada por su deterioro renal.

Síntomas iniciales

“La hinchazón de piernas, que no desaparecía, y yo achacaba a mi trabajo como profesor, en el que paso muchas horas de pie, fue el motivo por el que consulté a un médico conocido. Comenzaron a hacerme pruebas y me diagnosticaron glomerulonefritis -una inflamación de los filtros pequeños de los riñones-”.

Enseguida comenzó con el tratamiento para abordar la enfermedad, que funcionó al principio y le permitió recuperar la función renal. Sin embargo, a los pocos meses todo se precipitó, con un deterioro renal muy rápido, tanto que a los tres meses del diagnóstico comenzó con hemodiálisis. “El impacto psicológico fue enorme. Con 35 años, pasé de llevar una vida absolutamente normal a verme en una sala rodeado de personas, la mayoría mayores. En ese momento, se me cayó el alma al suelo, pero la labor de las enfermeras me ayudó muchísimo”, reconoce.

Ahora, con 52 años, este riojano es un gran conocedor de las opciones de tratamiento existentes para la enfermedad renal crónica. Comenzó con sesiones de hemodiálisis en un centro sanitario, pasó, después a diálisis peritoneal y ha sido receptor de dos trasplantes que, finalmente, no funcionaron, por lo que retomó la diálisis peritoneal, hasta que hace unos tres años volvió a hemodiálisis, con una pauta de tres días a la semana, en sesiones de cuatro horas cada una.

“Cuando comencé con la diálisis peritoneal pude reincorporarme al trabajo, algo fundamental para mí, es lo que me hace olvidarme de esta situación y me da cierta normalidad. Me ajustaron los horarios para poder coordinarme en el trabajo con los intercambios, pero a nivel social era más complicado. Es duro psicológicamente porque es un tratamiento diario”.

Ahora, en hemodiálisis, en el Centro de Diálisis Logroño, de Fresenius Medical Care, también se muestra optimista. “Saqué una conclusión positiva. El tratamiento en hemodiálisis se realiza tres días a la semana, de modo que tengo el fin de semana a mi disposición. He vuelo a disfrutar de ese tiempo libre, de las fiestas de mi pueblo, de ir a visitar a mi hija a Santander, donde estudia Fisioterapia. Ella es mi motorcito para seguir hacia adelante. Siempre ha sido muy comprensiva y ha llevado mi enfermedad de manera muy natural”, asegura Miguel, para quien lo importante es sacar lo positivo de ello. “Me dicen que soy un valiente, pero estoy lidiando con lo que me ha tocado, mi vida es así, no puedo estar todo el día triste y lamentándome, sino tratar de sacar lo positivo de la vida”.

La importancia de una vida activa

Miguel ha sido muchos años profesor de Infantil y, a raíz del diagnóstico de su enfermedad, de Primaria, para ejercer, en la actualidad, como profesor de apoyo, ayudando al alumnado que necesita reforzar determinados contenidos. “Llevo 29 años trabajando en el mismo centro educativo. Es lo que me da la vida, tener la cabeza ocupada”, destaca.

Su día comienza temprano. “Me levanto a las 6:30 h. y hago media hora de bicicleta estática y otros 30 minutos de mancuernas, de lunes a viernes. Llevo una vida muy activa, me encanta pasear, en el trabajo estoy con niños pequeños, todo el día de pie. Siento que, cuanto mejor preparado estoy físicamente, mejor aguanto las sesiones de hemodiálisis. Para mí, el ejercicio es fundamental, psicológica y físicamente, al igual que trabajar, especialmente en una labor como la mía, en contacto con niños pequeños, donde cada día es una sorpresa”.

Procura llevar una vida lo más normal posible, teniendo en cuenta las limitaciones dietéticas que debe seguir, llegándose a olvidar de su enfermedad renal, por lo que, tras el fin de semana, retomar la hemodiálisis es un “choque de realidad” al que se va adaptando de nuevo a medida que transcurren los días.

Aficionado a la lectura, al fútbol -va a ver al Logroñés los fines de semana-, también le gusta estar con los amigos, aunque asegura que, “al principio, es complicado, por tener que estar explicando a todo el mundo por qué no puedo beber alcohol, algo que, en mi caso, decidí abandonar hace muchos años, independientemente de la enfermedad”.

Desde su punto de vista, en su provincia, La Rioja, y en un país como España, donde el ocio está tan unido a salir a tomar algo, desde el vermut a las tapas y pinchos, “hay muchas veces que prefiero hacer otro tipo de actividades y suelo quedar con mis amigos para dar un paseo y ponernos al día”.

Desde el punto de vista familiar, además de a su hija, dedica también gran parte de su tiempo a su madre, enferma de Alzheimer, cuyos cuidados se reparte con su hermana y una persona de apoyo.

Su experiencia, al servicio de otros pacientes

Miguel es uno de los mentores del Programa del Hospital de La Rioja para personas con enfermedad renal crónica. “Nos han preparado psicológicamente para asesorar a quienes van a empezar con algún tratamiento renal sustitutivo o no lo están llevando bien. Hace unos tres meses tuve mi primera sesión con un paciente, que tenía todas las dudas del mundo, como es natural. Lo que intentas es sacar lo positivo de esta situación, que lo hay, y compartirlo con ellos”.

A su juicio, es fundamental que quien empieza en este proceso confíe mucho en el equipo médico y de enfermería, intente llevar una vida social activa, y pueda rodearse de gente con la que pueda hablar y compartir sus dudas e inquietudes, además de realizar algo de actividad física, en la medida de lo posible.

En su horizonte futuro está ese viaje soñado a Italia en compañía de su hija, un plan acordado entre ambos para cuando el trasplante definitivo llegue a su vida. Mientras tanto, seguirá viviendo con entusiasmo y alegría porque “vivir cada día ya es un aspecto positivo. Me considero una persona feliz”, afirma.