“El tratamiento de diálisis se puede llevar bien”

"No había notado nada"

A Gloria Notario, paciente de diálisis en nuestro centro de Madrid-Moncloa, la insuficiencia renal le llegó sin avisar. “No había notado nada”, recuerda. 

Acudía a revisiones periódicas y, en una de ellas, recibió una noticia que marcaría un antes y un después: debía quedarse ingresada de inmediato.

A partir de ese momento, todo se aceleró. Intentó iniciar diálisis peritoneal en casa, pero una infección derivó en una peritonitis que complicó el proceso. Tras ese episodio y una operación de corazón apenas unos días después, el equipo médico decidió continuar con diálisis en centro, donde lleva ya dos años en tratamiento.

Adaptarse a una nueva rutina sin renunciar a la vida 

Con 80 años cumplidos el pasado mes de septiembre, Gloria mantiene una actitud activa y realista ante la enfermedad. La diálisis, reconoce, ha modificado su día a día, especialmente las jornadas de tratamiento. “Ese día es de sillón”, comenta con naturalidad, describiendo el cansancio que sigue a cada sesión.

Sin embargo, lejos de detenerse, organiza su vida en torno a ese ritmo. Al día siguiente retoma su rutina: gestiones, paseos, compras o una visita a la peluquería. “Hago vida normal”, afirma. Junto a su marido, con quien comparte el día a día en Madrid, sigue disfrutando de pequeños planes cotidianos que le aportan bienestar.

Un equipo que marca la diferencia: cercanía, cuidado y humanidad en cada sesión

Si hay algo que Gloria destaca con especial énfasis es el trato recibido en el centro. “Eso es una maravilla. No puedo decir más que cosas buenas de todos”, asegura.

Recuerda especialmente los momentos más difíciles, cuando ha salido de alguna sesión con mareos o malestar. “Tenía a cuatro personas alrededor, pendientes de mí”, cuenta. Para ella, ese acompañamiento constante es clave en su experiencia como paciente.

No solo el equipo sanitario deja huella. También valora los pequeños gestos del día a día: “Hasta la señora de la limpieza es un encanto. Siempre tiene una palabra amable”. Esa suma de detalles construye un entorno en el que se siente cuidada y acompañada.

Asumir la enfermedad: una actitud que ayuda

Lejos de dramatizar, Gloria ha optado por una actitud pragmática ante su situación. “Lo asumí porque no queda otro remedio. Tienes que convivir con ello”, explica.

Su experiencia previa, al haber tenido un familiar en diálisis durante años, le permitió afrontar el proceso con cierta perspectiva. Aun así, reconoce que cada persona lo vive de manera diferente. En su caso, apoyarse en sus creencias y no darle más peso del necesario le ha ayudado a sobrellevarlo: “Le doy la importancia que tiene, pero no me ha caído como una losa”.

Un mensaje para quienes empiezan

Desde su experiencia, Gloria lanza un consejo claro a quienes reciben ahora el diagnóstico: tratar de aceptar la situación y afrontarla con la mejor actitud posible.

También subraya la importancia de mantener una convivencia positiva con el entorno: “No hay que hacer la vida imposible a los demás. Nadie tiene la culpa”.

Para los pacientes más jóvenes, añade, la esperanza del trasplante puede ser un motor importante. Y para todos, independientemente de la edad, insiste en la importancia de mantener el ánimo.

La fuerza de la comunidad: más que compañeros/as, casi una familia

Las horas compartidas en el centro han dado lugar a relaciones que van más allá del tratamiento. Gloria habla de compañerismo, de conversaciones cotidianas y de vínculos que perduran incluso cuando algunos pacientes cambian de centro.

“Somos casi como una familia”, resume. Se interesan unos por otros, comparten experiencias y mantienen el contacto fuera de la clínica. Esa red de apoyo, junto al acompañamiento del equipo, contribuye a hacer más llevadera la enfermedad.

Una vida activa, antes y ahora

Gloria ha tenido una vida profesional larga y satisfactoria como secretaria de dirección en el Canal de Isabel II, donde trabajó cerca de cuatro décadas. “Han sido muchos años, pero muy buenos”, recuerda.

Hoy, aunque ha reducido algunas actividades por motivos físicos, mantiene relaciones sociales activas. Sigue quedando con antiguas compañeras, amigas de toda la vida y personas de su entorno. “Con gente, siempre”, dice.

Adaptación y pequeños retos del día a día

En cuanto a la dieta, la adaptación ha sido sencilla en su caso. Lleva décadas comiendo sin sal, por lo que no ha supuesto un cambio significativo. “Hay muchas cosas para comer”, comenta con naturalidad.

Lo que sí echa de menos es algo tan cotidiano como beber agua sin limitaciones. “Siempre he sido muy bebedora de agua… y eso sí lo noto, sobre todo en verano”. Aun así, lo asume como parte del proceso.

La historia de Gloria es la de una adaptación serena, apoyada en la experiencia, la actitud y, sobre todo, en el acompañamiento humano. Su testimonio refleja cómo, incluso en situaciones complejas, el cuidado del equipo y la fortaleza personal pueden marcar una diferencia real en la calidad de vida del paciente.