Su rutina semanal le ha permitido identificar cómo responde su cuerpo: los lunes suelen ser más exigentes, mientras que el viernes llega con mayor sensación de bienestar.
Tiene estrategias claras para recuperarse: descansar y, sobre todo, comer bien. “La comida es lo que más me revitaliza”, explica.
Además, mantiene una vida activa, haciendo deporte de forma habitual, lo que le ayuda tanto a nivel físico como mental.
Fuera del ámbito clínico, su vida está llena de actividad. Es batería desde hace más de dos décadas, una afición que define como “disfrute puro” y que además considera beneficiosa para la mente.
Practica deporte con regularidad -correr, bicicleta y trabajo de fuerza-, algo que considera fundamental para mantener la forma física, especialmente en un tratamiento que tiende a reducir la masa muscular.
Comparte su vida con su pareja, enfermera de diálisis, a quien conoció en el propio centro durante la pandemia. Una conexión que les permite entenderse desde ambos lados: el del paciente y el del profesional.
Juntos forman una familia con su hija de 10 años, con la que disfrutan del tiempo libre y de sus viajes siempre que es posible.