Dra. Maite Villaverde

35 años cuidando de las personas en diálisis

La Dra. Maite Villaverde lleva 35 años trabajando como nefróloga en Dialcentro, en Madrid. A lo largo de su trayectoria ha vivido grandes avances en el tratamiento de la enfermedad renal y ha aprendido de generaciones de pacientes que le han enseñado a valorar cada día. Hoy, como responsable asistencial del centro, sigue defendiendo una idea fundamental: escuchar y conocer a cada persona es una parte esencial de su cuidado.

Una profesión que ha evolucionado junto a sus pacientes

En septiembre de 1991, la Dra. Maite Villaverde comenzó a trabajar como nefróloga en Dialcentro. Lo que inicialmente pensó que sería una etapa breve se convirtió en una trayectoria profesional de 35 años en el mismo centro.

Sus primeros años estuvieron marcados por el aprendizaje junto a especialistas del Hospital Gregorio Marañón, la participación en proyectos clínicos y el descubrimiento de las posibilidades que ofrecía una especialidad en plena evolución.

Al principio, reconoce, le costaba mucho emocionalmente acompañar a personas que convivían con una enfermedad crónica y con las exigencias de la diálisis. Con el tiempo, descubrió que había mucho que hacer para mejorar su bienestar y ayudarles a mantener su autonomía y sus proyectos de vida.

“Empecé a darme cuenta de todo lo que podía hacer y de todo lo que podía aprender de mis compañeros”, recuerda.

Desde entonces, ha visto cambiar profundamente la atención renal: han evolucionado los dializadores, han mejorado las posibilidades de adaptar el tratamiento a las necesidades de cada persona y se ha avanzado hacia una atención más integral, en la que participan profesionales de distintas disciplinas.

Para Maite, uno de los grandes cambios es la posibilidad de ajustar mejor la diálisis a cada paciente y a cómo se encuentra en cada sesión. La experiencia clínica, la tecnología y la colaboración entre profesionales permiten trabajar para ofrecer un tratamiento cada vez más individualizado.

También ha cambiado la forma de acompañar a las personas. La atención ya no se limita al tratamiento médico: el apoyo de enfermería, nutrición, psicología y trabajo social ayuda a abordar otras necesidades que pueden surgir durante el proceso.

“El cuidado del paciente ha mejorado y se da un enfoque mucho más integral”, explica.

Detrás de cada tratamiento hay una persona 

Trabajar durante tantos años en un centro de diálisis permite conocer de cerca las distintas realidades de quienes reciben tratamiento. Cada persona tiene una historia, unas circunstancias familiares y unas preocupaciones diferentes. Por eso, para Maite, adaptar la atención significa también dedicar tiempo a escuchar.

“Lo que no tiene que cambiar nunca es el trato con el paciente y hablar mucho con él”, afirma.

En su opinión, una conversación puede aportar información fundamental sobre cómo se encuentra una persona, qué dificultades está atravesando o qué necesita en un momento determinado. Conocer su situación más allá de los datos clínicos ayuda a comprender mejor sus necesidades y a ofrecer una atención más cercana.

Esa mirada humana también se refleja en la relación entre profesionales. Maite defiende la comunicación directa entre médicos y enfermería, así como la colaboración de todo el equipo asistencial. Compartir observaciones, contrastar impresiones y trabajar conjuntamente permite tener una visión más completa de cada paciente.

Entre los momentos que recuerda con especial emoción se encuentra el caso de una paciente en diálisis que ha podido ser madre en dos ocasiones. Para Maite, acompañar una experiencia así es especialmente significativo y le recuerda cuánto pueden importar los avances en el tratamiento y el seguimiento clínico en la vida de las personas.

Más allá de los resultados médicos, son estas experiencias las que dan sentido a su trabajo.

Lo que sus pacientes le han enseñado durante estos años

La relación con las personas en diálisis también ha influido en la forma en que Maite entiende la vida. A lo largo de su carrera ha conocido a personas de edades y circunstancias muy diversas, algunas de las cuales han tenido que adaptar sus planes personales y profesionales a una nueva realidad.

“Me han enseñado a dar gracias por todo y a valorar las cosas de otra forma”, cuenta.

Su experiencia le ha permitido comprobar la capacidad de muchas personas para afrontar dificultades, mantener sus ilusiones y seguir adelante incluso cuando la enfermedad les obliga a reorganizar su día a día.

Ese aprendizaje es también el que intenta trasladar a su trabajo con el equipo: acompañar, escuchar y ayudar a encontrar soluciones cuando aparecen dificultades. Desde 2022, como responsable asistencial de Dialcentro, combina esta labor con la atención directa a sus propios pacientes.

Cuando piensa en lo que le gustaría que recordaran de ella, su respuesta no se centra únicamente en su labor médica. "Espero que la gente me recuerde con cariño y que piense que he sido una persona humana”, afirma.

Después de 35 años, Maite sigue teniendo curiosidad por aprender y descubrir nuevas formas de mejorar la atención. Y, aunque reconoce que pensar en la futura jubilación le produce cierta nostalgia, continúa encontrando motivación en sus pacientes, sus compañeros y los retos que surgen cada día.

Fuera del centro disfruta de viajar, leer -especialmente novela negra-, ir al cine y al teatro y estar en contacto con la naturaleza.

Su trayectoria demuestra que cuidar de las personas en diálisis implica mucho más que aplicar un tratamiento: significa conocerlas, comprender sus circunstancias y acompañarlas a lo largo del tiempo. Porque, aunque la tecnología y la atención renal sigan evolucionando, la escucha, la confianza y el trato humano continúan siendo fundamentales.