La relación con las personas en diálisis también ha influido en la forma en que Maite entiende la vida. A lo largo de su carrera ha conocido a personas de edades y circunstancias muy diversas, algunas de las cuales han tenido que adaptar sus planes personales y profesionales a una nueva realidad.
“Me han enseñado a dar gracias por todo y a valorar las cosas de otra forma”, cuenta.
Su experiencia le ha permitido comprobar la capacidad de muchas personas para afrontar dificultades, mantener sus ilusiones y seguir adelante incluso cuando la enfermedad les obliga a reorganizar su día a día.
Ese aprendizaje es también el que intenta trasladar a su trabajo con el equipo: acompañar, escuchar y ayudar a encontrar soluciones cuando aparecen dificultades. Desde 2022, como responsable asistencial de Dialcentro, combina esta labor con la atención directa a sus propios pacientes.
Cuando piensa en lo que le gustaría que recordaran de ella, su respuesta no se centra únicamente en su labor médica. "Espero que la gente me recuerde con cariño y que piense que he sido una persona humana”, afirma.
Después de 35 años, Maite sigue teniendo curiosidad por aprender y descubrir nuevas formas de mejorar la atención. Y, aunque reconoce que pensar en la futura jubilación le produce cierta nostalgia, continúa encontrando motivación en sus pacientes, sus compañeros y los retos que surgen cada día.
Fuera del centro disfruta de viajar, leer -especialmente novela negra-, ir al cine y al teatro y estar en contacto con la naturaleza.
Su trayectoria demuestra que cuidar de las personas en diálisis implica mucho más que aplicar un tratamiento: significa conocerlas, comprender sus circunstancias y acompañarlas a lo largo del tiempo. Porque, aunque la tecnología y la atención renal sigan evolucionando, la escucha, la confianza y el trato humano continúan siendo fundamentales.